A Enero, capítulo incierto I.

Tengo frío,
un frío insoportable,
de tarde veraniega,

donde lo único que quiero (inexplicablemente),

es incinerarme en vos.

Me dormí pensándote, diciéndote pocas pero precisas veces cuántas ganas tengo de que esta nueva percepción del tiempo (mismo tiempo) nos tiña un poco. Y mis primeras palabras donde amanece Enero vuelven a nuestra historia que a esta hora de un Lunes acalorado aún no se escribe.

P.d. primera. Hoy quiero creer.

Nota errante. Me dormí mareado y algo más maduro, efectivamente todo lo que preciso sí está en mí, y vos, y las voses (proyecciones mías en los vos) no son sino mis curas adentradas en otros pagos, en otras fronteras, en otras historias. Descubrirme, entonces, precisa plenamente al vos como impulso, no como sustento.

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